Fecha de cotización

Cambio

Seleccione los metales que desea representar:

Cobre
Plomo
Zinc
Aluminio
Niquel
Aleación de Aluminio
Estaño
COBRE: 00.000 € | 00.000 $
ZINC: 00.000 € | 00.000 $
NIQUEL: 00.000 € | 00.000 $
ALUMINIO: 00.000 € | 00.000 $
ALEACIÓN DE ALUMINIO: 00.000 € | 00.000 $
PLOMO: 00.000 € | 00.000 $
ESTAÑO: 00.000 € | 00.000 $

El ciclo de vida de un producto abarca todas las etapas por las que pasa un producto, desde la extracción de materias primas, hasta su etapa de fin de vida.

En este último caso, se puede desechar el producto o se puede aprovechar mediante el reciclaje de residuos.

Gracias al reciclaje, podemos darle una segunda vida útil a ese producto, obviando la etapa de extracción de la materia prima y mejorando en cuanto a impacto en la huella de carbono, para su aprovechamiento en el resto de etapas.

Cómo medir la huella de carbono de los productos

La huella de carbono de un producto representa el impacto medioambiental que genera, de forma directa a indirecta, sobre el entorno.

En lo referente al cálculo de este impacto ambiental, se ha desarrollado una herramienta metodológica con la que es posible medir cuánto afecta un producto al medio ambiente.

Se trata del Análisis de Ciclo de Vida, conocido también por las siglas ACV y es aplicable no solo a productos, sino también a procesos o sistemas, durante todo el ciclo de vida de cada uno de ellos.

Para aprovechar el ACV, hay que recopilar y analizar todas las entradas y salidas del sistema por parte del producto, para así identificar su huella de carbono y poder encontrar estrategias con las que reducirla.

En cuanto a las entradas, normalmente nos fijamos en las materias primas y en la energía que se requiere para su tratamiento.

Dentro del sistema, debemos analizar la obtención de esas materias primas y el consumo de materiales y sus componentes.

También analizamos la producción del producto en fábrica, su distribución y posterior venta a los clientes finales.

Cuando el producto ya está en manos del consumidor, también debemos analizar su impacto en el medio ambiente. Cómo lo usa, cómo lo aprovecha y qué emisiones o contaminación puede generar con ello.

En la etapa final del producto, debemos también analizar cómo es eliminado el producto, si se convierte en residuo, si este residuo es reciclado o no y qué emisiones puede generar, tanto su descomposición natural como su aprovechamiento.

Efectos contaminantes en el ciclo de vida de los productos

En base al ACV de los productos, identificamos 4 fases del proceso:

  • En la primera fase se establecen los objetivos.
  • En la segunda fase se analizan los datos, entre los que debemos tener en cuenta los efectos contaminantes del producto.
  • En la tercera fase, con los datos recopilados, hacemos una evaluación del impacto en el entorno.
  • En la cuarta fase se obtienen los resultados y se interpretan, con el fin de encontrar recomendaciones con las que mejorar todo el proceso.

Respecto a la segunda fase, los efectos contaminantes que puede generar un producto, tenemos el concepto de «carga ambiental».

La carga ambiental es la entrada o salida que tiene un producto a un sistema, causando con ello efectos ambientales negativos.

Aquí es donde podemos identificar efectos contaminantes adversos, que pueden ser de muchos tipos. Desde emisiones contaminantes hasta efluentes de aguas, residuos sólidos que se generan, radiaciones, malos olores, contaminación acústica, consumo de otros recursos naturales, etc.

Cada producto y cada proceso de tratamiento puede generar unos efectos ambientales diferentes. Minimizar su impacto, directo o indirecto, ayudaría a que su huella de carbono fuera cada vez menor.