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La externalidad negativa es uno de los problemas a los que nos enfrentamos la sociedad actual y que nos afecta a todos los niveles, tanto en nuestra salud personal, como al medioambiente o incluso de forma económica.

Por este motivo, tanto de manera individual como empresarial y desde el Gobierno, se imponen medidas que eviten las externalidades negativas todo lo posible.

¿Qué es una externalidad negativa?

Para entender estas medidas se hace imprescindible entender qué es una externalidad negativa. Hablamos en estos casos de cualquier acción de consumo o producción que desempeñe un efecto negativo en la sociedad, en los demás.

Un ejemplo de externalidad negativa sería conducir un coche contaminante. La emisión de gases afectaría tanto al entorno como a la salud de las personas de una manera contraproducente.

Tipos de externalidad negativa

Tenemos infinidad de ejemplos de externalidades negativas, pero a nivel global diferenciamos dos grandes tipologías, las que se generan en la producción y las que lo hacen en el consumo.

En la producción

Las emisiones contaminantes de las fábricas son el ejemplo más conocido de externalidad negativa en la producción, pero hay muchas más.

Si una fábrica también emite malos olores, eso es una externalidad negativa que afecta a todo el entorno, con todo tipo de consecuencias.

De una forma aún más notoria para el medio ambiente, problemas como derrames de petróleo, vertido de productos en ríos o, en general, contaminación de agua potable, son algunas de las externalidades negativas a las que tenemos que hacer frente con mayor énfasis.

En el consumo

En nuestro propio consumo también podemos generar externalidades negativas. La más conocida de todas, la de conducir un vehículo contaminante. Las emisiones del combustible utilizado afectan a todos los niveles a las personas y al entorno de la zona de circulación.

Pero también afectamos negativamente con el simple hecho de fumar o de reproducir música demasiado alta, generando así contaminación acústica.

De una forma más directa, no aprovechar el reciclaje de envases es una grave externalidad negativa, que tiene múltiples consecuencias, como la degradación del plástico y su negativo impacto medioambiental.

Cómo evitar las externalidades negativas de contaminación ambiental

Dado que hay tantas externalidades negativas, en los últimos años se han planteado diversas medidas con las que reducir o incluso eliminar su presencia todo lo que sea posible.

Los impuestos representan una de las formas más efectivas para conseguirlo, dado que gravan aquellas actividades que provocan más externalidades negativas, mientras que benefician lo contrario.

Por eso, por ejemplo, los coches eléctricos disfrutan de beneficios fiscales y de ayudas económicas, entre otras ventajas.

Para las fábricas y empresas, estos impuestos representan un incentivo clarísimo de invertir en metodologías de trabajo más sostenibles, que generen menos residuos y, en suma, menos externalidades negativas.

Y a todo ello no podemos olvidar el hecho de la concienciación social, un aspecto que nos afecta a todos y que debemos derivar sobre todo hacia los más pequeños, para que sus acciones en el futuro no provoquen ningún tipo de externalidad negativa hacia el entorno, hacia los demás o hacia ellos mismos.